Vivimos tiempos en los que las asociaciones de autores no paran de dar el coñazo y lucrarse con música que, en gran parte de los casos, no vale más de lo que engulle el inodoro. Tiempos en los que las novedosas tecnologías de la comunicación nos descubren vías de difusión inimaginables, que permiten extender la cultura a cualquier rincón del mundo, y a las que la industria no para de poner trabas para sacar tajada.
Bueno, hay oasis en los desiertos. Y fundaciones como la Mozarteum de Salzburgo, que hace unos días ha anunciado la digitalización y publicación abierta de toda la obra de Mozart en PDF vía Internet.
Mozart dejó más de 600 obras escritas (decenas de miles de páginas de partituras), de las que ya tienen más del 90% disponibles en la web del Mozarteum.
“Para nosotros la digitalización de estas obras de Mozart es un momento estelar. Es una aportación decisiva a la difusión de la música” dice Johannes Honsig-Erlenburg, presidente de la fundación.
Sinceramente, este tipo de noticias me hacen conservar la fe.