Simplemente quería hacer una reseña de lo que casi todo el mundo sabe ya: el nuevo papa es un auténtico melómano.
Mozart, Beethoven, Bach… lo típico. Y lo mejor. Ratzinger no puede dejar de tocar su piano, todos los días que le es posible. Cuentan varias anécdotas acerca de tal piano. Parece que es de lo poco que se quiso llevar a su apartamento vaticano, junto con una selecta biblioteca y un escritorio de nogal. Cuentan también que el traslado del instrumento dió más de un quebradero de cabeza a los transportistas, que, tras varios intentos de colarlo por alguna de las ventanas, desistieron. Pero tal era la persistencia de Benedicto, que se contrataron unos especialistas para desmontarlo y armarlo de nuevo, pieza a pieza.
Aunque quizá la anécdota más representativa, es la que cuenta que el día 20 de Abril del año pasado, es decir, al día siguiente de ser elegido responsable espiritual de la cuarta parte del planeta, apareció sin avisar en su antiguo piso sólo para poder tocar un rato, ya que con tanto cónclave, lo echaba en falta.
Para muestra un botón…