kerouac
Viernes, 19 de Septiembre, a las 12:20 pm
categoria: historias
autor: kerouac

Este verano, por la carga de trabajo, no me he prodigado apenas, en eventos musicales. Sí he descubierto unos cuantos discos buenos, pero eso dará para otros artículos, si el tiempo me lo permite.

Lo que sí cada vez me convence más, es la importancia, no de escuchar discos en directo –que según como se hayan producido, pueden decir mucho (bueno o malo) de un músico– sino lo esencial que es asistir en directo a la interpretación de la música.

Porque todos conocemos vacas sagradas en muchos estilos musicales, que venden discos como churros, y llenan estadios en sus conciertos. Asistir a un concierto multitudinario puede dejar una marca en la memoria hasta la tumba. Pero además de los músicos mainstream, hay muchos otros no tan conocidos, gastando neumáticos por todo el pais, o por todo el mundo, acercando su música a lugares pequeños, en conciertos casi familiares.

Así fueron dos humildes jornadas festivaleras este verano, en este rincuncho del país. A finales de Agosto, tuvo lugar en el pequeño pueblo pesquero de Cedeira el Festival American Roots, un evento enfocado a la música negra en general. Allí estuvo Percy Sledge, autor de una de las más celebérrimas baladas del siglo XX, “When a man loves a woman”. Sobre el papel, la estrella del festival, supongo que la mayoría de los que llenamos la Plaza Roja nos habíamos desplazado hasta allí por él. Y mereció la pena el concierto. Pero la sorpresa vino después: tres horas y media de recital del más puro blues de la mano del veterano (82 tacos alucinantes) saxofonista Bill Jay McNeely, acompañado del cantante y harmonicista Mark Totorici, y como banda, los belgas The Big Four.
Con cada canción, con cada acrobacia del octogenario saxofonista, el público se enfervorizaba más y más, hasta llegar al éxtasis cuando parecía que todo había acabado: la lluvia, que estaba provocando chispazos y explosiones en la instalación eléctrica, y la policía municipal llegó para avisar que las 4 de la madrugada ya era una buena hora para dejar dormir a los vecinos. Pero todos pedíamos más. Y los músicos hacían señas de que ya habían desconectado la amplificación. Pero la gente seguía gritando y pidiendo más. Y como personas entregadas al blues, el guitarrista del cuarteto y Totorici se pusieron a tocar en el borde del escenario sin amplificación. La gente se apiñaba en el borde de las vallas que protegían el escenario y la fuente que hay en medio de la plaza. La música de la guitarra y la harmónica se oía dificultosamente desde donde estábamos nosotros, pero seguíamos el ritmo. Y entonces, el éxtasis y final definitivo: a la vez que toca, Mark Totorici se quita los zapatos, la chaqueta, los pantalones, y se mete en calzoncillos en la fuente. Y la gente rompe a aplaudir…

Sobre el otro evento, avancé la previa en mi anterior post. El III Festival de Jazz de Pontedeume no sólo reunió a un puñado interesante de formaciones de Galicia y Asturias principalmente: al finalizar el segundo día de conciertos, hubo una jam session en la que músicos de varias formaciones se fueron relevando en instrumentos. El ambiente no era ni de lejos tan multitudinario como el de Cedeira, más bien un poco triste de público asistente en el Coliseo. Pero eso no fue óbice para que los músicos no se volcaran en el concierto, y sacaran lo mejor de sí. Y así, cuando ya algunos recogían los cacharros, del público quedábamos 4, y en un breve experimento había sonado a ritmo de jazz el himno de cierto partido político cuyas siglas son P. P. ;-), Adrián Carrio, el asturiano pianista de Rendez Vouz Project, y el vallisoletano L.A.R. Legido, batería de Sumrrá, empezaron a jugar a improvisar. Y durante un tiempo que no sabría estimar, los pocos asistentes que quedábamos oimos como se gestaba, crecía, se desarrollaba en mil variaciones, y finalmente moría en el placer de nuestros oídos y de las manos que lo generaban, un único tema improvisado, irrepetible, grandioso. Cuando la música cesó, me quedé unos minutos dando vueltas por delante del escenario intentando asimilar lo que acababa de asistir. Y entonces me entraron ganas de fumarme un cigarrillo…

La grandeza y la miseria de la música bien hecha, es que está labrada con estos momentos irrepetibles que, o estás allí, o jamás sabrás de verdad lo que te has perdido, incluso aunque dispongas de la grabación. Y la grandeza y la miseria, también, es que no siempre hay una justa recompensa. No se que tal les habrá ido a los organizadores del festival cedeirense, pero, como he comentado, el jazz en la ribera del Eume no tuvo la acogida que se merecía el esfuerzo de músicos y organizadores, y me consta que la Asociación Ponte da Música está pasando muy malos momentos. Espero que no se desanimen, y, rompiendo con la maldición que históricamente persigue al jazz y que parece intentar apoderarse del evento, sean capaces de reponerse, y organizar otra edición más, que nos regale otros grandes momentos mágicos a los que amamos la música.

3 Respuestas a “Blues alive (f)ever” »»
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  1. Comentario by peer | Domingo, 21 de Septiembre, a las 12:43 pm

    No podría estar más de acuerdo contigo. Una grabación no deja de ser un simple eco de un instante. El eco lo puedes repetir cuantas veces quieras, pero el instante es único, y, o bien has estado allí (y los has vivido) o no.
    Por un pesamiento parecido a este, hace ya mucho tiempo que decidí no comprar más discos, pero pagar lo que sea (incluídos desplazamientos) por asistir a directos.
    Por cierto, esos son los cigarros que mejor saben… :)

  2. Comentario by Loky | Domingo, 21 de Septiembre, a las 2:57 pm

    Viva la música en vivo.

  3. Comentario by Adrián Carrio | Viernes, 7 de Noviembre, a las 6:56 pm

    Muchísimas gracias. Un saludo desde Asturias.

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